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La publicidad que funciona. La importancia de una buena locución.

La locución es a la publicidad, lo que un buen sonido es a una película.

Ya podemos tener los mejores actores, el mejor director de fotografía y el mejor guion del mundo, que, si falla el sonido, la película no llegará de igual manera.

Sala de micrófonos.
La locución es un proceso creativo.

La locución, igual que la imagen y la idea original, es un proceso creativo y, como tal, juega un papel fundamental a la hora de llegar al público potencial al que va dirigido el mensaje. Nos dejamos seducir por una voz sensual, o timbrada, conocida, famosa, o incluso, con una entonación de las más frecuentes, las radio fórmulas. Sin embargo, los resultados no son, con frecuencia, los deseados. Esto sucede porque, en la mayoría de los casos, las voces de los spots están más centradas en una dicción perfecta o una técnica impecable, que en el verdadero sentido de la locución. Preocupados más por comunicar un mensaje que por transmitir una sensación.

Diferencia entre comunicar y transmitir.

El propio titular ya lo deja dicho, un mensaje se puede comunicar con cierta facilidad; basta con leer de una forma correcta, con buena dicción y entonación. Lo fundamental realmente, es creernos lo que estamos diciendo; de ese modo, llegaremos de una forma más sensorial a las personas que escuchan.

La escucha.

El aspecto más importante de todo proceso creativo es la escucha. Saber qué quiere transmitir nuestro cliente. El silencio también es música y, en muchas ocasiones, saber callar también provoca que la transmisión sea mucho más efectiva. Cuanta más información tengamos sobre las necesidades de nuestro anunciante, más datos tendremos a la hora de construir la frase más adecuada, su lema y su mensaje; pero muy por encima de todo eso, daremos con la frase con la que se tiene que quedar la persona que lo escuche. También hay que ponerse en la piel de quien recibe el mensaje.

Formación y especialización.

Fundamental tarea a la hora, no solo de crear o transmitir, sino también de sentarse a los mandos de un estudio de grabación, al otro lado del micrófono. La dirección creativa, si no está presente, tiene que poder delegar en profesionales preparados para saber cuál de todas es la toma buena, una vez más, no por la calidad del sonido, ni por la dicción impecable, sino por las sensaciones recibidas.

«Nos pasamos años formándonos para ser capaces de interpretar y no tanto de leer de manera correcta».

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